









Bitácora
Maclovia
- Dirección: Emilio Fernández
- Fotografía: Gabriel Figueroa
- Con María Félix y Pedro Armendáriz
- México, 1948
Volver con otros ojos
Mi relación con Pátzcuaro y la isla de Janitzio empezó de niño. En agosto de 2004 fui con mis papás y mi hermano: la lancha, el muelle, las calles de la isla, el monumento a Morelos.





Es un recuerdo agridulce. Después la violencia en México empeoró, dejamos de viajar a lugares así y las vacaciones fueron casi siempre a la playa. Creo que de ahí viene parte de lo que me encanta de todo esto.
Años después regresé, esta vez a trabajar: grabé la campaña de Día de Muertos de Dos Caras, una marca de tequila.
Dos Caras
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020A diferencia de mis dos visitas, en Maclovia las redes son una parte muy importante del paisaje.
Están en todas partes. Secándose como velas, colgadas entre las casas, encima de la cara de María Félix.
La pesca con red de mariposa todavía se practica en el lago, y en la película es parte de la vida diaria. La rutina de los pescadores es de lo más bonito que tiene.
El blanco y negro y la época le dan un aura a todo. A las texturas, a la teja, al agua. Y las panorámicas del lago son hermosas.
No hablarse. No verse.
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009José María y Maclovia están enamorados. Pero Tata Macario, el papá de ella, la tiene muy arriba y quiere algo mejor para su hija.
La primera vez que lo vemos, vienen regresando de la iglesia. Y lo primero que hace es prohibir:
“No quiero que vuelvas a hablarle a mi hija.”
José María obedece. No le habla.
Pero la mira.
Unas escenas después le ofrece una flor a Maclovia frente a él, y Tata Macario sube la apuesta:
“Hoy no solamente te prohíbo que vuelvas a hablarle, pero ni siquiera verla. Porque con los ojos se habla más que con las palabras.”
Ahí está la película entera.
De las palabras a los ojos.
Maclovia es una película de miradas: quién puede mirar a quién, quién tiene prohibido hacerlo y qué pasa cuando aun así se miran.
Y Gabriel Figueroa la filma así. Los personajes casi nunca se ven limpio: siempre hay una red, un rebozo, una reja o una sombra en medio.
Mirar es el deseo, el castigo y la amenaza.
El sargento mira a Maclovia “con ojos que dan pie”. Presume sus “ojos claros”. Y es esa mirada, “la maldad de sus ojos de tigre”, la que termina por abrirle los ojos a Tata Macario.
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057El cruce
Mi escena favorita no tiene diálogo.
Tata Macario y Maclovia salen de la iglesia y se topan con José María. Sus miradas se encuentran un instante. Como ya lo tienen prohibido, bajan los ojos, siguen caminando y se cruzan.
La sombra de ella pasa junto a él. No se tocan, no se miran.
Están a un paso el uno del otro y no pueden ni voltear. Él se aguanta las ganas de seguirla con la mirada; ella camina con los ojos en el suelo. Todo lo que sienten cabe en ese silencio.
“Tu sombra pasó tan junto a mí que la sentí crecer y metérseme en el corazón.”
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061Mirarse sin verse
Cada quien sigue su camino. Y entonces la película hace trampa, de la buena: alterna la cara de uno y la del otro como si estuvieran frente a frente, mirándose, aunque cada uno ya esté en un lugar distinto.
Se ven con los ojos de adentro.
La carta
José María no sabe escribir. Así que va a la escuela, se sienta atrás con los niños y aprende. Todo para poder mandarle cartas a la mujer que no puede ni mirar.
La primera se la dicta al profesor.
Maclovia tampoco sabe leer. Así que se la lleva al mismo profesor y le pide que le enseñe. Él le dice que eso toma mucho tiempo, pero que él se la puede leer.
Empieza a leer con su voz. Y a las primeras palabras, la voz cambia a la de José María.
Y la cámara se queda en María Félix. Toma tras toma, con las lágrimas.
Sí solté la lagrimita.
Muy querida Maclovia:
Estoy en la escuela para merecerte. Cuando voy a pescar, no hago más que acordarme de ti. Teniéndote tan cerca, no puedo verte.
El otro día vi tu sombra. Pasó tan junto a mí que la sentí crecer y metérseme en el corazón. Entonces supe por qué Dios les dio sombra a nuestros cuerpos: pa’ poder mirar la tuya cuando pasas, Maclovia.
Te veo siempre, siempre, a toda hora y en todas partes, con los ojos de acá adentro. Te veo, te oigo en el canto de los pajaritos, en el viento cuando sopla en la laguna, en el sol, en las estrellas, en todo aquello en que nadie me puede impedir que te vea y que te oiga.
Yo sé que tú estás muy alta y que yo no te merezco, pero ¿qué culpa tiene el pobre árbol reseco de enamorarse de la luna?
¿Verda’? Que duele mucho quererse tanto, Maclovia. Como si tanto amor no cupiera en uno; por eso duele.
Estoy muy triste. Pienso en ti.
Después la copié a mano.
Y cuando la escribí, en lugar de Maclovia, sin pensarlo, puse Aranzazu.
Las miradas auténticas
Es Noche de Muertos.
Las mujeres suben por las calles con sus arreglos. Siempre las redes, siempre la teja. Entran al panteón por un arco que dice “Noche de Muertos”. Las velas. Y empiezan a cantar.
237Y entonces aparecen ellas.
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250Señoras y niñas de la isla, alumbradas por las velas. Caras que no son de actriz.
Durante casi toda la película, la cámara está con sus estrellas: María Félix y Pedro Armendáriz, siempre perfectos bajo la luz de Figueroa. Aquí, por unos minutos, le cede el lugar a la gente de la isla. No hay diálogo ni drama: solo las velas, el canto y sus caras.
Lo más verdadero de la película son esos minutos en que la cámara deja de mirar a las estrellas y mira a la gente.
La película, mirada por mirada
Ojo: de aquí en adelante cuento la película completa, final incluido.
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003Ver la secuencia completa (5)
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005Antes de empezar: los créditos
El logo de Filmex me gustó mucho: un edificio de estudio con “Presenta” escrito en neón. Parece pintura, o maqueta. No encontré cómo lo hicieron; si alguien sabe, que me cuente.
Luego los títulos. “MARÍA FÉLIX en MACLOVIA”, con una tipografía de pincel que parece china. Era el código de lo “exótico” en esa época, y en una historia purépecha se siente fuera de lugar.
No va a ser la única vez que la película mira lo indígena desde afuera.
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008Chiquitos entre las redes
Así nos los presentan. Primero Maclovia, sola, chiquita, al fondo de un callejón de redes que se secan como velas. Luego José María, viéndola. Luego los dos juntos.
Los encuadres los hacen pequeños y le dejan todo el espacio a la isla.
Antes que a la pareja, Figueroa nos presenta las redes.
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017Ver la secuencia completa (4)
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018Él la mira. Ella lo siente.
En Pátzcuaro aparece el sargento Genovevo de la Garza. Llega con su propio grupo de músicos, como quien llega a su fiesta, y todos lo voltean a ver.
Pide su botella de charanda. Ve a Maclovia.
Y antes de que él diga nada, ella ya siente la mirada.
Así entra la amenaza de la película: por los ojos.
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030La flor
José María saca una flor del lago, voltea hacia arriba y ahí está Maclovia, en lo alto de un risco.
Él abajo, ella arriba. Así la tiene Tata Macario, “muy alta en las estrellas”, y así lo dirá después la carta: “yo sé que tú estás muy alta y que yo no te merezco”.
Es la misma flor que luego le ofrece frente a su papá. La que dispara el “ni siquiera verla”.
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125La red como velo, la red como jaula
Con las lavanderas, la red cae sobre la cara de Maclovia y le dibuja una cuadrícula en la piel. Más adelante ella se cubre con la red para escapar del sargento, y él queda del otro lado.
La misma red que le da de comer a la isla ahora es velo y es barrera.
El sargento lo dice clarito cuando entra a casa de Tata Macario y ve la jaula del pajarito: “una palomita tan chula no debía estar encerrada. Ya debía tener su palomo blanco, de ojos claros”.
Se presume blanco y de ojos claros. Es tan moreno como todos.
Pero es esa mirada, “la maldad de sus ojos de tigre”, la que convence a Tata Macario de casarlos.
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274Ver la secuencia completa (11)
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274Las rejas
Al final ya no hay red: hay rejas. José María preso, Maclovia del otro lado, las caras partidas por los barrotes.
Y lo que él le dice es que es el día más feliz, porque la puede ver.
El final
Sara corre desesperada a avisarle a Tata Macario. El cabo, que sabe que es lo justo, libera a José María.
Y la isla se levanta.
La turba sale con antorchas a apedrear a Maclovia. Es la ley de la isla: la que se entrega a alguien de fuera, muere. Tata Macario y Sara intentan detenerlos y la turba les pasa por encima.
La película no se detiene ni a velarlos.
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314Ver la secuencia completa (4)
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314José María pelea con el sargento en el agua, y gana.
Pero ya vienen todos. Corren, voltean desesperados buscando a dónde ir, y los acorralan. Les empiezan a llover piedras.
Aquí tengo mi crítica. Por fin aparecen caras indígenas de verdad, ya no todos actores. Y aparecen como turba. Como salvajes.
No encontré nada que documente esa “ley de la isla” como costumbre real. Viene de la misma historia de Janitzio, y en María Candelaria el pueblo también apedrea a la protagonista.
Llegan los soldados, disparan al aire y ponen a la pareja bajo su protección. El mismo ejército que trajo al sargento.
Todo pasa muy rápido. Pero hay algo que no me deja en paz. A la mitad de la película, el profesor le explica al teniente cómo es Janitzio: “Aquí nacen, aquí viven, aquí mueren”. Y dice que la sola amenaza de tener que salir de la isla es para ellos peor que la muerte.
La última imagen son ellos dos en una canoa, a contraluz, alejándose de la isla.
323No es un final feliz.
Tata Macario y Sara muertos. Ellos, sin poder volver. Y nadie explica nada.
Es un exilio.
Yo quiero creer que algún día regresaron.
Otras escenas que me encantaron
No caben en la tesis, pero no las iba a dejar fuera.
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041El cochinito
José María en su casa, viendo su alcancía de barro, con las canoas detrás. Afuera, Sara le habla para que salga. Él, medio escondido tras el sombrero; ella, recordándole lo que fueron. Él le dice que quiere a Maclovia y ella se queda triste. Cierra perfecto.
065“¿Tú también eres jumento?”
José María, ya grande, en la escuela. Se sienta adelante, un niño le dice que ahí van los aplicados y se va atrás, con los burros. Otro niño le pregunta si él también es jumento.
“Pues yo creo que sí.”
114La jarra
Maclovia tira una jarra en la cocina. Tata Macario se detiene, recoge los pedazos y se los regresa. Todavía no sé bien qué significa, pero me pareció de lo más bonito.
142Todos de acuerdo
José María, Maclovia y Tata Macario en la tienda, comprando la canoa. Me encantan esas escenas en las que por fin todos se ponen de acuerdo. Dura poco.
Morelos
El monólogo del profesor sobre el indio arriero que entró a la escuela a los quince años y le dio su nombre a Morelia. Al final dice cómo se llamaba: José María, como tú.
La cara de José María lo dice todo.
Don Generoso
El tendero que les cobra de más “porque así lo ordena una nueva ley que acaba de salir”. El nombre es lo mejor.
El juicio
El sargento juzga al mismo que acusa, con una lista de crímenes inventados: “una lacra disolvente que amenaza la seguridad de las instituciones”. Doce años, más otros doce. Cómico, entre comillas.
Sara
Se le ofrece al sargento para salvar a José María, y él la rechaza: la que le gusta es la otra. Después Sara voltea a ver a Maclovia y, sin decir nada, le dice: ya hice lo que pude, ahora está en tus manos.
El sargento en modo guerra
Rifle, cananas cruzadas, ojos de loco. Por un segundo pensé en el villano de Avatar.
Notas de producción
ArchivoLo que encontré investigando. Si sabes algo más, escríbeme.
El rodaje. Empezó el 16 de febrero de 1948, en Janitzio, Pátzcuaro y los Estudios Churubusco. Costó alrededor de un millón de pesos. Se estrenó el 30 de septiembre de 1948, el día del aniversario del nacimiento de Morelos.
Diego Rivera en las locaciones. Acompañó al Indio Fernández, a María Félix y a Gabriel Figueroa a buscar locaciones. Figueroa trabajó con bocetos de Rivera y con referencias del muralismo.
La tercera versión. La historia viene de Janitzio (1935), con argumento de Luis Márquez Romay y el Indio Fernández como actor. Después vino María Candelaria (1943). Maclovia la regresa a Janitzio. El guion es de Emilio Fernández y Mauricio Magdaleno.
El reparto. María Félix (Maclovia), Pedro Armendáriz (José María), Miguel Inclán (Tata Macario), Columba Domínguez (Sara), Carlos López Moctezuma (el sargento Genovevo de la Garza) y Arturo Soto Rangel (el profesor). Armendáriz nació en la Ciudad de México, de madre estadounidense; creció en Laredo, Texas, y estudió en California.
1914. La historia sucede después de la renuncia de Huerta, con el ejército constitucionalista ocupando la isla. Eso explica la llegada del destacamento, aunque la película no lo diga.
Fotos del rodaje. Luis Márquez Romay fotografió la filmación en Janitzio. Las fotos están en el archivo de Fundación Televisa.





Fotos: Luis Márquez Romay, archivo de Fundación Televisa.
La casa. La Casa Cote, donde se filmó, se anunció en 2024 como sede del Museo Comunal de Janitzio, con un piso dedicado a la película.
Las noches del lago. Figueroa le contó a Elia Kazan que sus noches en exteriores las hacía con filtros y subexposición. Muy probablemente las escenas nocturnas del lago se filmaron de día.
La pesca hoy. La pesca con red de mariposa sigue, como demostración para turistas. Cerca del 80% de la isla vive del turismo.
Cómo la vieron. Fue aclamada en Venecia en 1949. Emilio García Riera habló de un “tratamiento de belleza estilo Figueroa”, y citó a un crítico que llamó “error en lo bello” a los momentos en que el drama cede ante la pura imagen. Una lectura académica reciente la ve como cine indigenista institucional: defiende la dignidad purépecha, pero su final propone que la pareja se asimile a la nación.
Anotaciones de fotografía
Las sombras se pueden ir a negro. El sargento llega a Pátzcuaro y la gente del fondo es pura silueta. Se ve increíble. No todo tiene que estar expuesto. Me quita una preocupación para mis próximos proyectos: no necesito la imagen HDR perfecta. Es una elección.
015Lo que sí evitaría a toda costa es lo contrario: exponer para el sujeto y quemar el fondo. En bodas a veces toca, porque la prioridad son los novios. En un proyecto así, no.
El rango dinámico. En prácticamente todos los stills se ve todo: el cielo con sus nubes, la teja, el agua, la cara.
Adentro y afuera a la vez. José María en su casa y, por la ventana, las canoas. Me imagino que iluminaron el interior casi como si fuera de día. Me encantaría saber con qué luces.
036La luz en los ojos. Los ojos de Tata Macario brillan muchísimo. Todavía no sé bien cómo lo lograron.
El blanco y negro perdona. La temperatura de color casi no importa, y la luz contrastada se luce.
Las disolvencias. Funcionan cuando los dos encuadres ya están pensados para encimarse.
090Dejar que el lugar hable. Personajes chiquitos, mucho escenario. Y las escenas que más me movieron no tienen ni una palabra.
Preguntas abiertas
- ¿Queda alguien vivo que haya salido en la película? Un niño extra de 1948 tendría hoy unos 85 años.
- ¿Cuántos extras eran de la isla y cuántos venían de la Ciudad de México?
- ¿Cómo se hizo el logo de Filmex y quién rotuló los títulos?
- ¿Dónde se puede ver en 4:3 y en buena calidad? Yo la vi en Tubi, recortada a 16:9.
Fuentes
- La Voz de Michoacán, “Maclovia: Emilio Fernández y Gabriel Figueroa en el Lago de Pátzcuaro”
- “Reivindicación de la cultura purépecha en el filme Maclovia”, Dialnet
- Revista Icónica, sobre Maclovia
- NTS Noticias y Quadratín, a 70 años del estreno
- Luis Márquez Romay, fotos del rodaje, Fundación Televisa en Google Arts & Culture
- Contramuro, sobre la Casa Cote y el museo
- SensaCine, sobre la técnica de Figueroa
- N+, “Janitzio lucha para que su tradición no se convierta en folklore”



